"La lenguaje no es creado por el individuo, sino el lenguaje es el que crea al individuo."

"Masas concurridas; la identidad ha muerto. Es vuestra vida, es vuestra deserción."

"Los necios e ignorantes no aspiran a adquirir conocimiento, pues el verdadero mal de la incultura está precisamente en que sin saber nada creen saber mucho"

jueves, 21 de abril de 2011

Hombres de fé

Ahora bien, la armonía de la felicidad en el mundo, con el merecimiento de ser feliz (si una tal armonía ha de acontecer de manera permanente) es una consecuencia contingente de los sucesos del mundo.
Por consiguiente, esta armonía, si ya existe o si se le postula, debe tener también una causa (y una causa tal, que sea diferente de todas las causas en el mundo).
Esta causa debe de residir en el mundo y en los seres que en él se encuentran, pues la ley de la causalidad se refiere sólo a seres sensibles. Pero puesto que esta armonía no puede ser conocida por nosotros, en comparación con su principio de perfección, como adecuada a toda eternidad, ni a la totalidad del mundo, entonces tal armonía es cosa de fe. O más bien el conocimiento de la posibilidad de ella pertenece al fundamento inteligible a saber, tanto de la existencia de seres racionales como de la existencia de seres libres la causa de cuya existencia según la catego.

Immanuel Kant (Hojas sueltas acerca de "Los Progresos de la Metafísica".) 1804

miércoles, 20 de abril de 2011

Hola Soledad


Bienvenida, vieja amiga, te creí ausente y aquí estabas
escondida, confundida conmigo;
bienvenida, ahora que te veo, bienvenida a tu más propia
casa, el latido de mi sangre,
a ti te acojo en el tiempo largo del poema, en el suave
sueño, en el hormigueo de mi mano izquierda,
ven, báñate conmigo, una ducha caliente que golpee la
espalda
-ah, desnudos sí que tú y yo somos uno solo-,
préstame una de tus camisas blancas de algodón,
ven, tomemos café, sin azúcar: así lo bebo solamente contigo,
amiga, ladilla, sombra,
y fumemos viendo el cambio de color del cielo, fúndete
conmigo para que pueda mirar cómo amanece,
ven, cántame una canción, aguántame la risa de gozarte hasta
el tuétano, generosa mía,
llévame así, apacible, a este o aquel libro, deja que te lea
en voz alta y dime si te aburres,
vuélvete música, almohada; convierte, maga, tu sustancia en
humo, en el umbral de las visiones,
libra conmigo la euforia santa del silencio,
alucina, muchacha de mi vida, y cuenta tu cuento mientras yo,
torpe, tomo tu dictado:
tacha siempre toda espera o esperanza,
que no se sienta el tiempo,
y baila conmigo la danza de la sonrisa en el ojo de la mente
hasta caer, inseparablemente juntos, fulminados.

D.J.