
La politiquería tiene, mínimo y como intento de definirla, dos niveles:
el básico, conformado por aquellas personas que opinan sobre “la
política” y que ni siquiera saben leer o, sabiendo, jamás en su vida han
tocado ni el periódico y ni mucho menos han leído, salvo como trabajo
escolar, la Constitución – sentido formal-. A estas personas se les
pregunta sobre un tema y generalizan (mata un perro y te dicen
mataperros), responden sin titubear reflejando prejuicios y ausencia de
humildad, pudiendo descargarse de la responsabilidad de contestar con un
sencillo “no sé” o un “no me acuerdo”, pero han de contestar…
El nivel que califico como “alto” es el de aquellas personas o grupos de
presión que efectivamente ejercen un influjo e imponen sus decisiones
más allá de la política para situarse en la conveniencia propia, tal vez
algunos de sus autores no hayan leído jamás las facultades del
Presidente de la República o del Congreso, pero tienen el poder
suficiente para impedir tal o cual reforma legal que se les haga
molesta.
De lo que se desprende en lo expuesto sobre los niveles es que se trata,
en el fondo y como primer aspecto, de una cierta clase de ignorancia
sobre tal temática pero, dejo entrever, que también implica una recta
razón, un obrar de buena fe que pesa en quien debe conocer.
Seguir los temas con dejadez, simulando que atañen a la conducción de un
Pueblo, es hacer politiquería. Lo peor es disimilar que se actúa en
beneficio de una colectividad, independientemente de los conocimientos
que se tengan, la apariencia de beneficio es lo más deleznable.
Creo que la verdadera política, si acaso existe, es una ciencia y a la
vez un arte que se refiere al gobierno, a la dirección de un
conglomerado humano para su mejor beneficio, desarrollo, etc.
Es ciencia porque precisa de conocimientos organizados, sistematizados,
etc., por ejemplo, se deben de distinguir claramente las formas de
Gobierno de las de Estado. Pero, a la vez, es un arte que se relaciona
con el carisma, con la negociación, la oratoria, el ejemplo, la empatía y
simpatía populares, la sinceridad, coherencia, etc. Aquí es el punto
donde se muestra la delgada línea entre política y politiquería.
No basta leer el periódico para opinar con soberbia sobre tal o cual
tema, en algunos casos tal vez sea suficiente pero, me atrevo a decir,
que en su mayoría requiere conocimientos interdisciplinarios. Un
ejemplo, cuando en alguna nota publicada en un periódico se hace mención
de “alguien” que fue capturado por la policía cuando perpetraba un
robo; este es el caso donde la opinión publicada –distinta de la
pública- da a entender, de plano, y en veces sin previo examen, sobre la
calidad jurídica – moral de la persona implicada en la nota
periodística. Un lector “politiquero” va a hacer sus análisis sin
necesidad, según él, de referencias porque cree que está debidamente
informado, pensando y expresando: “que bueno que lo agarraron, que se
pudra en la cárcel”. –no generalizo-
Según lo anterior, la politiquería critica pensando en que es
auto-suficiente en su información, creyendo ciegamente en algún medio de
comunicación porque le basta a su sed de “noticia”. Consignar la
averiguación previa antes de que lo haga el Ministerio Publico; juzgar
sobre la inocencia o culpabilidad de “alguien” antes de que
efectivamente lo haga un juez, es politiquería. Analizar las
declaraciones de tal o cual “político” sin saber cuáles son sus
facultades mínimas, sin percatarse del contexto o situación social y
legal, es también politiquería; y ni que decir de las más variadas
expresiones de lo Uno, en términos del filósofo Martín Heidegger.
Haga Ud. mismo la prueba, dígale a cualquier persona ¿qué le preguntaría
al Presidente “fulano de tal” si se lo topara de frente?; piense en la
posible respuesta, critique el nivel de instrucción, las causas del
agente, etc.; sin generalizar, afirmo que muchas preguntas naturalmente
presuponen información previa pero, ¿será suficiente?
No es fácil seguir la actividad de las personas cualificadas como
“políticos”, y ni muchos menos aprender, construir, tanto la práctica
como la teoría políticas. De hecho, considero que, de las ciencias –y
artes- más complejas es la Política, por varias razones: 1) porque los
problemas que le atañen son de máxima generalidad, es decir, inciden en
lo social, de lo cual se desprende el siguiente, 2) la
interdisciplinariedad, implicada en la soluciones posibles, no es fácil
de sobrellevar porque se trata de problemas interhumanos, de ahí el
punto 3), trátese de conflictos en los que está implicada la naturaleza
humana en su aspecto gregario, voluntario y racional, que va más allá de
los planos físico, psíquico o intelectual individual, aquí es donde
involucro la faceta práctica, el arte. Entendido éste como habilidad y
como conjunto de reglas que se desprenden de la ciencia, para concretar
su propósito.
Esa es la complejidad que supera a las demás ciencias, pero donde su
autonomía radica, en un primer aspecto, en la esencia del objeto
material que trata y dada en el punto tres anterior y que se extiende a
una teleología que engloba los intereses individuales como colectivos en
el plano llamado Nación, Estado o a nivel Interestatal; en su segundo
aspecto, implica la colaboración más franca de las llamadas Ciencias
Sociales, Físicas y Naturales, donde la autonomía no es el estudio
aislado o excluyente sino la sinergia disciplinaria.
Es por ello que en primer lugar debemos distinguir entre "La política" en sentido griego antiguo y "La política" que hoy día se lleva a cabo. En donde esta última no tiene nada de "política" y cae en sentido general (y no tan solo en nuestro país) en la susodicha "politiquería".