La presencia de ciencia “basura” o “pseudociencia” presenta un problema mucho más serio para los científicos y los medios de comunicación, puesto que la ciencia “basura” tiene todos los elementos estéticos de la ciencia real; tiene estilo sin sustancia y retórica sin base científica. Entre los ejemplos de la ciencia “basura” se incluyen la astrología, la investigación sobre la fusión fría, la ufología, la psicomagia y una larga lista. Aunque la mayoría de la gente está de acuerdo en que se puede distinguir entre ciencia auténtica y ciencia “basura”, esta última no es fácil de definir y es poco probable que podamos desarrollar una serie de criterios incontrovertidos que nos permitan detectar la ciencia basura, puesto que muchas ciencias legítimas han empezado de forma no científica (Ziman, 1984). No obstante, los siguientes criterios pueden servir como base aproximada para distinguir entre la ciencia basura y la ciencia auténtica:
- La ciencia basura no avanza progresivamente (Thagard, 1978).
- Los científicos basura no realizan un esfuerzo sincero por tratar problemas y anomalías significativos (Thagard, 1978).
- La ciencia basura no es comprobable (Popper, 1963).
Aunque muchas ciencias legítimas pueden coincidir con alguno de estos criterios, las ciencias basura coincidirán en la mayoría.
Los científicos basura presentan un problema serio para la ciencia, los medios y la sociedad, porque sus alocuciones y escritos a veces encuentran quien los tome en serio. Como a menudo es difícil reconocer la ciencia basura (los científicos basura parecen científicos auténticos), ésta puede influir en las decisiones judiciales y los problemas legales, las políticas de gobierno y las elecciones de los consumidores. La ciencia basura puede tener impactos sociales muy adversos, como cuando se condena a alguien basándose en testimonios de “expertos” falaces, cuando alguien compra curas milagrosas, etc. En consecuencia, en beneficio del bien público los científicos y los periodistas deben desenmascarar, desacreditar y desautorizar los testimonios de ciencia basura siempre que se produzcan (Gardner, 1957). Para los científicos, esta responsabilidad implica una obligación de educar a la prensa y al público sobre las posturas a las que no se puede dar crédito y poner al descubierto a farsantes, charlatanes y sofistas.A.S.
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