"La lenguaje no es creado por el individuo, sino el lenguaje es el que crea al individuo."

"Masas concurridas; la identidad ha muerto. Es vuestra vida, es vuestra deserción."

"Los necios e ignorantes no aspiran a adquirir conocimiento, pues el verdadero mal de la incultura está precisamente en que sin saber nada creen saber mucho"

sábado, 12 de octubre de 2013

De dónde, hacía dónde y para qué.


La naturaleza responde a las preguntas del hombre, a las preguntas por el de dónde, hacía dónde y para qué.

La naturaleza puede leerse como una obra de arte perfecta en si misma. Una obra de arte perfecta es aquella que incluye en sí toda finalidad. Puede haber disonanciasy diferencias en la superficie, por ejemplo, el mal, la descomposición, la muerte, el comer y el ser comido; pero en un estrato más profundo todo es concordancia, armonía. Si la mirada penetra con suficiente profundidad en este ser cósmico, se muestra la armonía de las esferas, que se descubre desde la conciencia y se muestra desde el ser. Esto aporta la gran unificación. En consecuencia, el conocimiento es un acto de fusión, o sea, de amor. Aquel que penetra profundamente en semejante ser, experimenta cómo se produce una transformación del propio estado, que se iguala a la armonía del todo. El instante de transformación, que iguala lo uno a lo otro, es el momento del ideal realizado. <<Estoy persuadido de que el instante feliz del ideal, el artista, el filósofo y el poeta son realmente los hombres grandes y buenos que ellos diseñan>>.

Ese conocimento, entendido como un acto de amor, no intenta captar un objeto para dominarlo, sino para dejar que sea. Lo conocido ha de poder desarrollarse ante los ojos del que conoce. Se pone en juego una benevolencia entre la conciencia que conoce y su objeto. Miramos benévolamente al mundo, y a su vez el mundo mira con benevolencia. En ambras partes, en el sujeto y en el objeto, se produce un desarrollo de las fuerzas. El amante conoce, y el que conoce puede sentirse amado. Hay una apertura de dar y tomar.

Todo está consumado en sí, pero el espíritu humano se le ha dado la tarea de llevar a cabo su propia perfección, y con ello también se le ha dado la misión de la propia inclusión conciente en el todo, para transformarse en él a través del conocimiento y del amor. Pero precisamente esto, llevar a cabo esa inclusión y ese prefeccionamiento propio desde la propia conciencia y el propio querer, es la contribución peculiar que se exige al ser consciente y consciente de sí. 

Los seres no humanos cumplen sin intención y sin plan el programa en el que figuran. Para ellos no hay ninguna perfección que hayan de conseguir todavía. Son lo que son, y lo son en la perfección que expresan. Sólo el hombre tiene que realizar esta prefección como prefeccionamiento propio, como su acción. Al hombre se le ha puesto a disposición la propia creación. Por tanto, su para qué es: llegar a ser lo que puede ser, y llegar a ser eso haciéndose a sí mismo.

La vida puede lograrse ahora, no es necesario esperar a una retribución en el más allá. Se logra con el amor. En consecuencia, la condenación no amenaza desde un juicio en el más allá, sino que el carente de amor padece ya ahora su castigo. Cerrado y pobre protege su pobre y pequeño yo como su posesión, y se convierte en su prisionero. Se acurruca en la prisión de su egoísmo. <<El egoísmo erige su centro en si mismo; el amor implanta el centro fuera de sí, en el eje del todo eterno (...). El amor es el ciudadano condominante de un floreciente Estado libre, el egoísmo es un déspota en una creación devastada>>.

El propio perfeccionamiento del hombre es la obra creadora con la que éste imita al gran creador.

A.S.


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