"La lenguaje no es creado por el individuo, sino el lenguaje es el que crea al individuo."

"Masas concurridas; la identidad ha muerto. Es vuestra vida, es vuestra deserción."

"Los necios e ignorantes no aspiran a adquirir conocimiento, pues el verdadero mal de la incultura está precisamente en que sin saber nada creen saber mucho"

lunes, 25 de julio de 2011

La técnica.



Estamos viviendo en tiempos confusos, y la causa de esta sensación de confusión, es lo inadecuado de las antiguas formas de pensamiento para manejar nuevas experiencias. Se dice que la única forma real de aprender resulta de las dificultades, donde en lugar de expandir las "ramas" de lo que se sabe, debemos detenernos y derivar lateralmente por un tiempo hasta que tropezamos con algo que nos permite expandir las "raíces" de lo que ya conocemos. El problema estriba en que la expansión tiene que hacerse en las raíces, no en las ramas.

Si retrocedemos los últimos tres mil años encontraremos que , a pesar de parecernos ver pautas nítidas y encadenamientos de causas y efectos que habrían hecho de las cosas lo que son, estas causas nunca fueron aparentes en el tiempo en que se suponía estaban operando. Durante las épocas de expansión de las "raíces" todo ha parecido tan confuso, caótico y privado de propósito como en la actualidad.

Pero a pesar de esta sensación general de inestabilidad, hay ciertos hombres que se han internado profundamente en los dominios de la razón hasta desentrañar las misteriosas "raíces" de todo lo que se nos aparece como provocándonos desde su esencia. Heidegger es uno de esos hombres, y la conferencia "La pregunta por la técnica" es un ejemplo de este "internarse profundamente. Pero Heidegger es Heidegger y nosotros somos nosotros. Debemos cuidarnos de internarnos demasiado en lo misterioso, no vaya a ser que sólo encontremos la locura. La verdad es que este "internarse” es enorme y peligroso y corre el riesgo de extraviarse o disiparse en su propio internar. Por eso el pensamiento de Heidegger se nos aparece como un esfuerzo implacable de llegar a destino, aunque en la travesía no lo sepamos y en la meta nos encontremos ante un nuevo destino. Sin embargo debemos ver que la obra de un hombre, se remite al hombre, a su lugar en el tiempo y en el espacio y a sus circunstancias. En un mundo en que los avances tecnológicos amenazan con la omnisciencia , debemos cuidamos de creer que escuchamos a Dios hablando para la eternidad desde la obra de una persona.

La pregunta por la técnica nos remite a la pregunta por nuestra relación con la técnica. Lo que nos hace preguntarnos esto, es que pereciera ser que la tecnología no está conectada en alguna forma real con los asuntos del Ser. Por eso la vemos cometer actos ciegos y destructores y algunos la consideran despreciable, o simplemente la odian. Antes no se había prestado tanta atención a esto, porque la gran preocupación era pan , techo y abrigo para todos y la técnica cumplía con este aprovisionamiento. Pero ahora que una gran parte de los hombres está asegurado, se observa cada vez más la fealdad y el daño, y comenzamos a preguntamos si es siempre necesario sufrir espiritual y estéticamente a fin de satisfacer nuestras necesidades materiales. De ahí el surgimiento de tendencias anticontaminantes, comunidades antitecnológicas y estilos de vida.

Pero pareciera ser que el problema es distinto y no necesita una toma de partido que , por lo demás, siempre es sentimental. Heidegger nos propone un camino en que la técnica se nos aparece como una interpelación que pide una correspondencia.





Preguntando por la técnica

La conferencia de Heidegger, "La pregunta por la técnica", nos propone un interesante camino de reflexión. Una manera de caminar que nos pone en "correspondencia con la esencia de la técnica moderna”. Es interesante constatar también que , para determinar una verdadera interpretación de la técnica es necesario delimitarla, en relación con su esencia, la que no es en absoluto, algo técnico.

Entonces este camino del preguntar por la técnica, es un camino que se aleja de la concepción corriente de esta, a saber, que la técnica es un medio y un hacer del hombre. Esta "determinación instrumental y antropológica" de la técnica, si bien es "desazonadóramente correcta", no desoculta, en absoluto, la esencia de la técnica moderna porque sólo allí donde acontece el desocultar, acontece lo verdadero. Por eso, lo meramente correcto no es aún lo verdadero.

Si lo que queremos es alcanzar la esencia de la técnica, es decir, la relación que esta mantiene con el ser, entonces debemos verla como manifestación de lo trascendental, pura y simplemente, o como modo de develar del ser, en la cual predomina un mostrarse (o un sustraerse) del ser mismo.

Heidegger nos dice entonces, que la técnica no es simplemente un medio. La técnica es un modo del desocultar . Este modo del desocultar se da en el ámbito del desocultamiento, esto es, en el de la verdad (alhqeia).

Pero la verdad, para Heidegger, no es la adecuación entre el pensamiento y la cosa, sino la rectitud a la interpretación más originaria, a la develación.

Mediante esta búsqueda de la verdad , en cuanto desocultamiento, la existencia cobra conciencia de la esencia de la técnica y se percata hasta qué punto en la esencia misma de la técnica radica el límite de ésta. El saber acerca del ente hunde necesariamente sus raíces en la esencia de la existencia, a saber, en la trascendencia. Pero la técnica misma no es dueña del trascender. Por eso cada técnica dispone de su propio horizonte de comprensión, que no puede proyectar ella por sí sola y menos aún, rebasar.

El desocultar técnico, devela todo como "constante" (Bestand), y sólo como eso. Esta palabra (Bestand), es necesario entenderla en el sentido de "existencias", de "stocks", "reservas", de "subsistencias". Todo (lo ente en su totalidad) toma lugar de golpe en el horizonte de la utilidad.

Mediante un cálculo global , lo ente es puesto como disponible para el consumo. Esta disponibilidad lleva a los entes de consumo a la reemplazabilidad casi inmediata. A todo ente de consumo le es esencial que ya sea consumido.

El occidental moderno, resulta entonces, como esencialmente cambiante e inconstante, como consagrado al movimiento continuo y a la agitación incesante sin aspirar a salir de ellos; su estado es, en definitiva, el de alguien que no puede llegar a encontrar su equilibrio, pero que al no poder hacerlo, se rehusa a admitir que sea una cosa posible en sí misma o simplemente deseable. Este estado en que se encuentra, producto de la transformación de los objetos en entes de consumo; transformación de la cual no es testigo más que como constanciador de lo constante , lo hace permanecer encerrado y complacido de su encierro, ya que siendo él mismo "constante", no sabe que lo es.

Esto, en lo que está encerrado el hombre, a saber, el destino de lo dispuesto, no le exige que lo conduzca hacia el desocultamiento, más bien el hombre está tan decisivamente metido en las consecuencias de la provocación de lo dispuesto, que no lo percibe como una interpelación y se pasa por alto a sí mismo como lo interpelado y con esto desoye también todos los modos que le indicarían hasta qué punto él existe desde su esencia en el ámbito de una llamada (Zuspruch).

Dentro de este encierro o destino,, el hombre mismo pasa a ser comprendido y tratado como simple mano de obra. A pesar de esto, éste experimenta vanidad a partir de su impotencia. Como si bastara con marchar en cualquier dirección para avanzar con seguridad, ni siquiera sueña con preguntarse hacia qué avanza.

Pero el pensar técnico no se queda sólo con esto, sino que además conspira contra todo pensar que no calcule técnicamente. Ignora resueltamente todo lo que lo sobrepasa y así se vuelve plenamente independiente. Pero esta independencia de la cual se vanagloria no se concreta sino a partir de su limitación misma. Más aún, llega hasta negar lo que ignora, porque ese es el único medio de no reconocer tal ignorancia.

Por esta característica del pensar técnico es, sin duda inquietante, el hecho de que es precisamente el rigor, la sobriedad, y la exactitud de la filosofía, las que se oponen a la conmoción que nos ilumina desde la poesía, el arte y la religión. Es la filosofía la que con sobria firmeza se defiende de toda poetización o interiorización que conduzca a expresiones metafóricas demasiado incontrolables, a misticismos llenos de vaguedades. Pero este no es el lugar para profundizar tales consideraciones.

Antes de seguir quisiera hacer algunos comentarios:

Cuando Heidegger hace una nítida diferencia entre la técnica artesanal y la técnica moderna, cuya esencia llama disposición o imposición (Ge-stell) y propone como ejemplo la agricultura, poniendo precisamente como diferencia entre una y otra, el que tradicionalmente, el campesino no pro-vocaba al campo sino que al sembrar las simientes, abandonaba él la siembra a las fuerzas del crecimiento y guardaba su germinación , en contraposición con la moderna industria motorizada de la alimentación , donde el campo es ahora exigido como algo meramente explotable, y agrega que este exigir está subpuesto (abstellen) de antemano a lo otro que se exige, esto es, impulsar la utilización mayor que sea posible con el mínimo esfuerzo.

Sin embargo, no me parece tan nítida esta diferencia entre el antiguo modo de sembrar y cosechar y los modernos métodos agronómicos. Si bien la finalidad pareciera haber cambiado, esta "nueva" finalidad está constituida por diferencias en la cuantificación de la demanda, más que por cambios en el modo de relacionarse con la tierra.

La sobrepoblación, desde la cual nos toca hablar, es sin duda, uno de los motivos principales de la erosión de los suelos y de los cambios climáticos; ya sean provocados por la acción directa de algunas empresas o por la sola existencia de millones de insensatos depredadores. Estos cambios climáticos provocan a su vez la necesidad de nuevas tecnologías que ayuden a restablecer aquellos estado en los cuales el agricultor podía abandonar él la siembra a la fuerza del crecimiento . En un momento en que las aguas son prioritariamente utilizadas para generar la energía que necesita esta gran masa informe, el riego debe esperar de la técnica una nueva oportunidad de cuidar y hacer crecer.

En segundo lugar no me parece tan claro que la técnica artesanal no se haya impuesto incondicionalmente sobre los entes; que los respetaba, sino que por el contrario es precisamente de esa técnica , que la técnica moderna ha comprendido las posibilidades de su aplicación. El exigir que pone al campo como algo meramente explotable no hay que entenderlo en la técnica moderna más que como el producto de su propia eficiencia. Es esta eficiencia la que se nos aparece como desconsiderada explotación. Aún ahora sigue el campesino moderno abandonado a los ciclos del cielo y de la tierra, y la técnica que pretende sustraerse de esto es retirada tarde o temprano del mercado. Sigue el campesino, al que la demanda ha convertido en un empresario, cuidando y protegiendo el cultivo, más ahora que las condiciones son adversas y a espacio reducido.

Por otro lado, la necesidad de actividad exterior llevada a un grado tal y el gusto del esfuerzo por el esfuerzo independiente de los resultados que se puedan obtener de él, no son naturales en el hombre; semejante situación se ha vuelto en cierto modo natural para el occidental moderno. Aquel que no dispone de ningún medio de sustraerse a la agitación, sólo puede satisfacerse en ella. Es así como el tiempo ganado gracias a la tecnología, es reinvertido en lo mismo de lo que fue liberado, a saber, el trabajo productivo y el pensar calculante.

Contando con estas breves consideraciones, podemos volver a nuestra reflexión.

Veíamos que el desocultar técnico, que mide y calcula, se erige como el único, excluyendo todos los demás y ni siquiera viendo que él mismo es un desocultar, y sólo un modo de él- del verificar . Entonces queda claro que si la esencia de la técnica trae al hombre indudables ventajas, conlleva también este peligro, que ya no es un peligro, sino que es "el" peligro, y como la esencia de la técnica es una manifestación del Ser , este peligro no puede ser alejado o conjurado por el hombre que se atiene sólo a sí mismo. Pero el hombre es el "ahi " del Ser y en cuanto a tal, puede y debe cooperar en el advenimiento de un nuevo destino, en que supere el peligro.

Pero, ¿cómo puede el hombre cooperar en el advenimiento de un nuevo destino en que se haya superado el peligro?. Solamente es posible que el hombre en tanto ser-ahí coopere en este advenimiento; porque también el provocar en el establecer lo real como lo constante, sigue siendo todavía un destino, que lleva al hombre a un camino del desocultar.

Pero entonces vemos en la técnica moderna una esencia ambigua que constituye por una parte, "el" peligro, y por otra conlleva y se expresa como "lo salvador", en cuanto posibilidad del desocultar. No hay que perder de vista esta ambigua esencia de la técnica pues lo irresistible del establecer y lo retenido de lo salvador pasan el uno delante del otro, como en el curso de los astros, la trayectoria de dos estrellas. Pero éste, su respectivo evitarse, es lo velado de su cercanía.

¿Cómo aparece lo salvador dentro de lo violento del establecer, que disloca toda mirada para el acontecimiento del desocultamiento? . Aparece lo salvador en cuanto lo dispuesto acontece en "lo confiador", lo que permite al hombre perdurar en su papel de custodio de la esencia de la verdad, del desocultamiento. Es esta dimensión del hombre la que hace que dentro del peligro emerja una manifestación de "lo salvador".

Pero, ¿cómo puede "lo confiador" darse en el destinar de lo dispuesto que pro-voca?. Heidegger pregunta si: ¿puede aún llamarse a este destinar un confiar? y se responde: Cierta y completamente, siempre que en este destino deba crecer lo salvador , y agrega lo confiador que destina de una manera o de otra en el desocultamiento es , en cuanto tal , lo salvador. Pues, éste permite al hombre intuir la más elevada dignidad de su esencia e ingresar en ella. Dignidad que consiste en custodiar el desvelamiento y con él previo velamiento de todo ser sobre la tierra.

Entonces, el surgimiento de lo salvador se nos aparece como una posibilidad. Posibilidad que requiere un comenzar a prestar atención a la esencia de la técnica es decir, si consideramos lo que esencia en la técnica, en lugar de permanecer embelesados sólo en lo técnico. Mientras concibamos la técnica como instrumento, vamos a permanecer apegados a querer dominarla y omitimos la esencia de la técnica.

Si lo irresistible del establecer y lo retenido de lo salvador son trayectorias de dos estrellas , entonces la pregunta por la técnica es la pregunta por la constelación , la marcha estelar de misterioso. Es en esta constelación en donde acontece el desocultamiento ocultamiento , en la que acontece apropiadamente lo esente de la verdad.

Pero Heidegger nos dice que todo esto no basta, que el meditar sobre la constelación de la verdad, es decir, mirar el peligro y ver el crecimiento de lo salvador, de por sí, no nos salva. Este meditar, más bien nos pone reclamados en la creciente luz de lo salvador , siempre que aquí y ahora y en lo humilde, cuidamos el crecimiento de lo salvador. Esto implica que mantengamos siempre ante la vista el peligro más extremado.

Pero el hacer humano jamás puede conjurar por sí solo la amenaza que lo esente de la técnica hace al desocultar, amenaza que convierte todo desocultar en un simple desvelamiento de lo constante. Sin embargo, plantea Heidegger, la reflexión humana puede meditar que todo lo salvador tiene que ser una esencia más elevada , aunque emparentada al mismo tiempo con lo amenazado por el peligro.

Ya nos dijo Heidegger , que la esencia de la técnica no es nada técnico. Entonces, esta reflexión humana sobre la técnica tiene que darse en un ámbito que de un lado está emparentado con la esencia de la técnica y de otro, es, sin embargo, fundamentalmente distinto.

Este ámbito es el arte,, en cuanto desocultar que aporta y produce, y que por eso pertenece a la poihsiz. Heidegger está pensando en el arte que llevó en Grecia el nombre tecnh y en como esta tecnh reunía todo desocultar que produce la verdad en el brillo de lo que aparece.

Este hecho que Heidegger nos indica, a saber, que por algún tiempo las Bellas Artes hayan tenido también el nombre con el cual se designa la técnica (tecnh), nos da una pista de hacia donde debe ir nuestra reflexión y cómo debemos entender a la técnica y por cierto, a la reflexión artística, siempre y cuando, esta última no se cierre a la constelación de la verdad, tras la cual vamos (Fragen).

Entonces Heidegger se pone y nos pone ante un problema aún mayor, y es que cuanto más interrogadóramente meditemos sobre la esencia de la técnica, tanto más plena de misterios se nos vuelve la esencia del arte.

Entonces lo mejor es detenernos junto con Heidegger y no arriesgar ni una sola palabra antes de meditar largamente sobre estas últimas reflexiones preñadas de nuevas preguntas.


CONCLUSIÓN

Lo que sacude a algunos espíritus cuyas preocupaciones están volcadas en su totalidad a lo exterior, son las aplicaciones a las que la técnica da lugar, en su carácter ante todo práctico y utilitario, y es sobretodo gracias a las invenciones mecánicas que el espíritu técnico adquirió su desarrollo. Son estas invenciones las que han suscitado, desde principios del siglo XIX, un verdadero delirio de entusiasmo, porque parecían tener como objetivo el aumento del bienestar corporal que es, manifiestamente, la principal aspiración del mundo moderno; y, por otro lado, sin caer en cuenta de ello, se creaban todavía más necesidades nuevas que no se podían satisfacer; así, una vez que se comenzó a transitar esta vía, no parece que sea posible detenerse pues siempre se necesita de algo nuevo. Pero, sea como fuere, son estas aplicaciones las que han cimentado fundamentalmente el crédito y el prestigio de la técnica.

Esta relación entre técnica y bienestar corporal es muy difícil de derribar, y es ahí donde radica el gran poder del pensar calculante y la miseria del pensar meditativo. Sin embargo Heidegger nos exalta en cuanto "ahí" del ser, y así nos vemos llevados a cooperar con el advenimiento de un nuevo destino. Pero en definitiva, ¿cómo cooperamos con este advenimiento?: manteniendo siempre a la vista el peligro más extremado, cuidando así el crecimiento de lo salvador.

A.S.

BIBLIOGRAFíA

- Heidegger, Martín. "Ciencia y Técnica". Edit. Universitaria. 1993.

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