"La lenguaje no es creado por el individuo, sino el lenguaje es el que crea al individuo."

"Masas concurridas; la identidad ha muerto. Es vuestra vida, es vuestra deserción."

"Los necios e ignorantes no aspiran a adquirir conocimiento, pues el verdadero mal de la incultura está precisamente en que sin saber nada creen saber mucho"

sábado, 7 de abril de 2012

Antes de Dormir.*



Te llevo como un objeto perteneciente a otra edad, encontrado un día al azar y que palpamos con manos ignorantes. ¿Fragmento de qué culto , dueño de que poderes ya desaparecidos, portador de qué cóleras o de qué maldiciones que el tiempo ha vuelto irrisorias, cifra en pie de qué números caídos? Su presencia nos invade hasta ocupar insensiblemente el centro de nuestras preocupaciones, sin que valga la reprobación de nuestro juicio, que declara su belleza -ligeramente horrenda- peligrosa para nuestro pequeño sistema de vida, hecho de erizadas negaciones, muralla circular que defiende dos o tres certidumbres.

Así tú. Te has instalado en mi pecho y como una campana neumática desalojas pensamientos, recuerdos y deseos. Invisible y callada, a veces te asomas por mis ojos para ver el mundo de afuera; entonces me siento mirado por los objetos que contemplas y me sobrecoge una infinita vergüenza y un gran desamparo: Pero ahora, ¿me escuchas? ahora voy arrojarte, voy a deshacerme de ti para siempre. No pretendas huir. No podrías. No te muevas, te lo ruego: podría costarte caro. quédate quieta: quiero oír tu pulso vacío, contemplar tu rostro sin facciones.

¿Dónde estás? No te escondas. No tengas miedo. ¿Por qué te quedas callada? No, no te haré nada, era sólo una broma. ¿Comprendes? A veces me excito, tengo la sangre viva, profiero palabras por las que luego debo pedir perdón. Es mi carácter. Y la vida. Tú no la conoces. ¿Qué sabes tú de la vida, siempre encerrada, oculta? Así es fácil ser sensato. Adentro nadie incomoda. La calle es otra cosa: te dan empellones, te sonríen, te roban. Son insaciables.

Y ahora que tu silencio me prueba que me has perdonado, deja que te haga una pregunta. estoy seguro que vas a contestarla clara y sencillamente , como se responde a un camarada después de una larga ausencia. Es cierto que la palabra ausencia no es la más apropiada, pero debo confesarte que tu intolerable presencia se parece a lo que llaman el "vacio de la ausencia". ¡El vacío de tu presencia, tu presencia vacía! Nunca te veo, ni te siento, ni te oigo. ¿Por qué te presentas sin ruido?

Durante horas te quedas quieta, agazapada en no sé qué repliegue. No creo ser tan exigente. No te pido mucho: una seña, una pequeña indicación, un movimiento de ojos, una de esas atenciones que no cuestan nada al que las otorga y que llenan de gozo a quien las recibe. No reclamo, ruego. Acepto mi situación y sé hasta donde puedo llegar.

Reconozco que eres la más fuerte y la más hábil: penetras por la hendidura de la tristeza o por la brecha de la alegría , te sirves del sueño y de la vigilia, del espejo y del muro, del beso y de la lágrima. Sé que te pertenezco, que estarás a mi lado el día de la muerte y que entonces tomarás poseción de mí. ¿Por qué esperar tanto? Te prevengo desde ahora: no esperes la muerte en la batalla, ni la del criminal, ni la del mártir. Habrá una pequeña agonía, acompañada de los acostumbrados terrores, delirios modestos, tardías iluminaciones sin consecuencias.

¿Me oyes? No te veo. Escondes siempre la cara. te haré una confidencia - ya ves, no te guardo rencor y estoy seguro que un día vas a romper ese absurdo silencio - : al cabo de tantos años de vivir... aunque siento que no he vivido nunca, que he sido vivido por el tiempo, ese tiempo desdeñoso e implacable que jamás me ha hecho una seña, que siempre me ha ignorado. ... ahora, después de este largo rodeo, creo que estamos más cerca de lo que iba a decirte: al cabo de tantos años de vivir - espera, no seas impaciente, no quieras escapar: tendrás que oírme hasta el fín - , al cabo de tantos años, me he dicho: ¿ a quién, si no a ella, puedo contarle mis cosas? En efecto - no me avergüenza decirlo y tu no deberías enrojecer - sólo te tengo a tí. A ti. No creas que quiero provocar tu compasíón; acabo de emitir una verdad, corroboro un hecho y nada más.

Y tú, ¿a quien tienes? ¿Eres de alguien como yo soy de ti? O si lo prefieres, ¿tienes a alguien como yo te tengo a ti? Ah, palideces, te quedas callada. Comprendo tu estupor: a mí también me ha desvelado la posibilidad de que tú seas de otro, que a su vez sería de otra, hasta no acabar nunca. No te preocupes: yo no hablo sino contigo. A no ser que tú en este momento, digas lo mismo que te digo a un silencioso tercero, que a su vez...

No, si tú eres otra : ¿quién soy yo? Te repito, ¿tú, a quién tienes? A nadie, excepto a mí. Tú también estás sola, tú también tuviste una infancia solitaria y ardiente - todas las fuentes te hablan , todos los pájaros te obedecían -y ahora... No me interrumpas. Empezaré por el principio: cuando te conocí - sí, comprendo muy bien tu extrañeza y adivino lo que vas a decirme: en realidad no te conozco, nunca te he visto, no se quién eres. Es cierto.

En otros tiempos creía que eras esa ambición que nuestros padres y amigos nos destilan en el oído, con un nombre y una moral - nombre y moral que a fuerza de roces se hincha y crece, hasta que alguien viene con un menudo alfiler y revienta la pequeña bolsa de pus - ; más tarde pensé que eras ese pensamiento que salió un día de mi frente al asalto del mundo; luego te confundí con mi amor por ...; o con mi fe en ... Creí después que eras algo muy lejano y anterior a mí, acaso mi vida prenatal.

Eras la vida, simplemente. O, mejor, el hueco tibio que deja la vida cuando se retira. Eras el recuerdo de la vida. Esta idea me llevó a otra: mi madre no era matriz sino tumba y agonía los nueve meses de encierro. Logré desechar esos pensamientos.

Un poco de reflexión me ha hecho ver que no eres recuerdo, ni siquiera un olvido: no te siento como la que fui sino como la que voy a ser, como la que está siendo. Y cuando quiero apurarte te me escapas. Entonces te siento como ausencia. En fin, no te conozco, no te he visto nunca, pero jamás me he sentido solo, sin ti. Por eso debes aceptar aquella frase - ¿la recuerdas: "cuando te conocí"? - como una expresión figurada, como un recurso del lenguaje.

Lo cierto es que siempre me acompañas, siempre hay alguien conmigo. Y para decirlo todo de una sola vez: ¿quién eres? es inútil esconderse más tiempo. Ha durado ya bastante este juego. ¿No te das cuenta de que puedo morir ahora mismo? Si muero, tu vida dejará de tener sentido. Yo soy tu vida y el sentido de tu vida? O es a la inversa: ¿tú eres el sentido de mi vida?

Habla, di algo. ¿Aún me odias porque amenacé con arrojarte por la ventana? Lo hice para picarte la cresta. Y te quedaste callada. Eres una cobarde. ¿Recuerdas cuando te insulté? ¿Y cuando vomité sobre ti? ¿Y cuando tenía que ver con estos ojos que nunca se cierran cómo dormías con aquel viejo infame ... Da la cara. ¿Dónde estás? En el fondo, nada de esto me importa.

Estoy cansado, eso es todo. Tengo sueño. ¿no te fatigan estas interminables discusiones, como si fuésemos un matrimonio que a las cinco de la mañana, con los párpados hinchados, sobra la cama revuelta sigue dando vueltas a la querella empezada hace veinte años? Vamos a dormir. Dame las buenas noches , sé un poco cortés. Estás condenada a vivir conmigo y deberías esforzarte por hacer la vida más llevadera. No alces los hombros. Calla si quieres, pero no te alejes.

No quiero estar solo: desde que sufro menos soy más desdichado. Quizá la dicha es como la espuma de la dolorosa marea de la vida, que cubre con una plenitud roja nuestras almas. Ahora la marea se retira y nada queda de aquello que tanto nos hizo sufrir. Nada sino tú. Estamos solos, estás sola. No me mires: cierra los ojos, para que yo también pueda cerrarlos. Todavía no puedo acostumbrarme a tu mirada sin ojos. 

Octavio Paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario