"La lenguaje no es creado por el individuo, sino el lenguaje es el que crea al individuo."

"Masas concurridas; la identidad ha muerto. Es vuestra vida, es vuestra deserción."

"Los necios e ignorantes no aspiran a adquirir conocimiento, pues el verdadero mal de la incultura está precisamente en que sin saber nada creen saber mucho"

sábado, 4 de enero de 2025

La importancia de la cosmogonía en la formación de la filosofía



El presente texto busca estudiar los mitos como elemento principal dentro de la Cosmogonía, los cuales eran desvalorizados hasta hace poco. Desde mediados del siglo XX, fueron tomando importancia como una forma de conocimiento legítima y una herramienta fundamental para la esencia humana. Ya en el pasado quedaron las teorías donde se reducía el papel del mito como ritos religiosos y prácticas mágicas. Filósofos, filólogos y antropólogos como Claude Levi-Strauss, Kurt Hübner, Alberto Bernabé, Geoffrey S. Kirk, John Raven, entre otros, han visto la necesidad de estudiar el mito como complemento del conocimiento humano.
    Sin embargo, asignar un lugar al pensamiento mítico no es tarea fácil; ya que es imposible o en ocasiones difícilmente demostrable. La conexión entre el mito y el logos constituye una empresa titánica como lo hace notar Bernabé. Kirk y Raven (1970), mencionan que para intentar llevar a cabo dicha conexión tenemos que tomar en cuenta dos riesgos. a) Asimilar mito y razón como lo mismo, tomando a consideración que el mito fuera una razón balbuciente o la razón como un mito sofisticado; b) establecer el pensamiento mítico y racional como inconmensurables.
    Ahora bien, para abordar el tema es necesario un análisis comparado, y este trabajo se enfocará exclusivamente en un tipo específico de relatos: los referentes al origen del cosmos. Primero identificaremos similitudes entre diversos mitos de origen para pasar luego a posibles conexiones a las especulaciones filosóficas. Debido a que encontramos explicaciones cosmológicas tanto en los mitos como en la filosofía, el ejercicio puede darnos una herramienta para contrastar el modo cómo operan. Es preciso insistir el riesgo de asimilar el mito a la razón o el de proponer una oposición radical entre ellos. Así pues, debemos aclarar el pensamiento mítico y el racional como formas independientes y a su vez complementarias.

Cosmogonias

La definición de la cosmogonía se deriva del griego κοσμογονία (kosmogonía), la cual está formada por kosmos que significa “mundo” y por gignomai que significa “nacer”. La cosmogonía es un tipo de relato mítico que trata de explicar el nacimiento, la creación y el desarrollo del mundo y el universo a través de cosas simbólicas, Dioses, elementos, etc. Los mitos cosmogónicos son muy extensos, cualquier intento por exponerlos estaría enfocado al fracaso. Por ello, hemos optado en seleccionar solo los más conocidos dentro de la cultura occidental.

    Comenzamos con el Enuma Elish, poema cosmogónico babilónico, el cual marca una pauta común a mucho otros; es decir, describe el estado inicial en términos negativos:

Cuando en lo alto el cielo aún no había sido nombrado, / la tierra firme debajo tampoco había recibido un nombre, / nada, excepto el primordial Apsu, su progenitor, / (y) Mummu-Tiamat, aquella que les abrió paso a todos, / cuyas aguas se entremezclaban como un único cuerpo, / ninguna choza de cañas había sido tramada, ninguna tierra pantanosa había aparecido, / cuando ninguno de los distintos dioses había llegado a ser, / innominados, sus destinos indeterminados.

Podemos diferenciar en el texto que las cosas aún no son nombradas, permanecen en estado primordial y por eso será necesario la creación del hombre para describirlas. Solo existen los principios de dualidad (masculino/Apsu y femenino/Tiamat). Su modo de existir es caótico, en aguas entremezcladas, las cuales es imposible diferenciar. La característica fundamental en este fragmento es que aún no existe un orden, características indeterminadas y por lo tanto, los futuros dioses corren con la misma suerte.

En segundo lugar tenemos a la India. Según los Himnos de Rig Veda:

Entonces no había ni ser ni no ser: no existía el aire, ni el cielo que está más allá. ¿Qué envolvía todas las cosas? ¿Dónde? ¿Para proteger qué? ¿Y había agua allí, en la insondable profundidad? La muerte no existía ni había vida inmortal; no había allí señal alguna para separar el día y la noche. Solo el Uno, sin aliento, respiraba por su naturaleza inherente: aparte de esto no había nada, nada en absoluto. Había tinieblas; al principio, sin marcas distintivas, todo era agua oculta en las tinieblas. Cuanto existía entonces era un vacío sin forma; por la fuerza del calor esta Unidad llegó a ser. Luego, en el comienzo, creció el deseo, la primera semilla y germen del pensamiento.

He aquí un dato intrigante en muchos mitos cosmogónicos: antes del origen no había nada…excepto “algo”. Por lo tanto, el vacío anterior al cosmos no estaba, después de todo, totalmente vacío. En el Enuma Elish, ese “algo” es reconocido como la mezcla de aguas; en el Rig Veda, “el Uno sin aliento”. En este último se menciona “el vacío sin forma” del cual surge “el deseo”, lo cual podemos darnos cuenta que este susodicho vacío es relativo: en el comienzo hay “algo” que parece estar vacío.

En el Génesis, los conceptos de caos y vacío se encuentran juntas:

Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”; y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero. (Génesis I.1-5)

Con el Génesis, salta una primera pregunta ¿Cómo puede ser que, al principio, la tierra estuviera “confusa y vacía” al mismo tiempo? Y si estaba vacía, ¿De dónde provienen las aguas en cuya superficie se cierne el espíritu de Dios? Desde un inicio, las aguas primordiales del Génesis no remiten a las del Enuma Elish, seguido de un Dios configurador.
    Debemos remarcar que tanto en el Génesis como en el Enuma Elish no hay una concepción de vacío absoluto durante la creación. Recordemos que la primera mención de una creación desde la nada aparece hasta Macabeos II. 7-28, cuando una madre le dice a su hijo: “Ruégote, hijo, que mires al cielo y a la tierra, y veas cuanto hay en ellos y entiendas que de la nada lo hizo todo Dios”.

En el mundo grecolatino, nos apoyamos de Hesíodo, según su Teogonía:

En primer lugar existió, realmente, el Caos. Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los Inmortales que ocupan la cima del nevado Olimpo; [en lo más profundo de la tierra de amplios caminos, el sombrío Tártaro], y Eros, el más bello entre los dioses inmortales. (1997, 117 y ss.)

Hesíodo no aclara la naturaleza del Caos. Más sin embargo, otro griego llamado Oviedo nos lo describe como un estado de confusión. Así propuesto, la descripción quita la oportunidad de describir el caos como vacío y por lo tanto, podemos relacionarlo tanto con el Génesis, como con el Enuma Elish. Sin embargo, según Kirk y Raven (1970), al dilucidar el término “caos” que proviene de la raíz Xάος está ligado etimológicamente a Χασμα: abismo abierto, Χαινω, Χασκω, Χασμωμαι: abrir la boca, bostezar. Con este dato, la ambigüedad reaparece. Si Caos es como un bostezo, entonces el estado anterior corresponde a oquedad, un lugar vacío donde las cosas llegan a alojarse.

Por otra parte, Lévi- Strauss nos dice que en un mito todo puede suceder: parece que la sucesión de los hechos no está subordinada a ninguna regla de lógica o de continuidad. Todo sujeto puede tener cualquier predicado; toda relación concebible es posible. Pero estos mitos, en apariencia arbitrarios, se reproducen con los mismos caracteres, incluso con los mismos detalles, en diversas regiones del mundo. De aquí se deriva este problema: si el contenido de un mito es contingente, ¿cómo explicar que, de un extremo a otro de la tierra, los mitos sean tan parecidos? (1974, 229).

    La variedad de imágenes que aparecen en los mitos cosmogónicos es fascinante: bostezos, agua en diversas formas, dioses de nombres y aspectos distintos, respiraciones, vapores, masas confusas, abismos, pensamientos, etc. Cada figura mítica es única, sin embargo, podemos resaltar que toda esta variedad se apoya en una estructura básica sencilla: Todos ellos describen lo que sucedió previo al origen del cosmos, ya sea como vacío o bien como caos. En algunos de ellos los dos aparecen de manera indirecta. Además, el vacío no podemos tomarlo como sinónimo de la nada. En ambos casos, el cosmos surge desde algo preexistente, ya sea en forma de abismo o de algo informe.
    Recordemos que la concepción sobre la creación del mundo a partir de la nada pertenece a una noción judeocristiana ajena a las tradiciones mitológicas. Pero, aunque estas cosmovisiones coinciden en afirmar la preexistencia de una “materia prima”, parecen pertenecer a esferas diferentes de pensamiento.
    Estas cuestiones dificultan una racionalidad mítica; cada cultura obedece a mitos distintos y por lo tanto, el pensamiento mítico carecería de una estructura traducible en términos racionales. Afortunadamente, tal conclusión no está justificada y la filosofía nos ayuda a superar este problema por medio del lenguaje al tomar forma de discurso especulativo en el que gobiernan los conceptos. El lenguaje filosófico nos permite establecer relaciones y distinciones entre esto y aquello (lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, etc.), relacionar lo concreto con lo abstracto sin perder la objetividad que la caracteriza.

El mito y la filosofía no son, formas del pensamiento que por la necesidad tecnológica tuviéramos que dejar atrás, sino son compañeros de camino que continúan con el ser humano. Aunque veamos al mito y a la filosofía como etapas sucesivas de un desarrollo progresivo, no debemos olvidar que cada uno tiene su propia historia, cuyos puntos de inflexión y desarrollo con frecuencia se articulan sin coincidir de forma completa.
    Figurar y conceptualizar son prácticas necesarias para darle sentido a nuestra realidad, tomando en cuenta que siempre existe la posibilidad de diferencias entre la racionalidad mítica y la filosofía. Por lo tanto, el punto de vista mítico y la abstracción filosófica enriquecen nuestra experiencia sensible. El mito toma las palabras de Mefistófeles el Fausto de Goethe: “Gris es la teoría, pero verde el espléndido árbol de la vida” (2005, 68).


Referencias Bibliográficas
  • Bernabé, A., (2008). Dioses, héroes y orígenes del mundo. Lecturas de mitología, Abada, Madrid. 411 pp.
  • Goethe, J. W. von., (2014). Fausto. Alianza, España. 544 pp.
  • Hesíodo, (1997). Teogonía. Trads. Adelaida Martín y María A. Martín. Alianza, Madrid. 216 pp.
  • Hübner, K., (1983). Critique of the Scientific Reason. Chicago: The University of Chicago Press.
  • Kirk, G. S., and Raven, J. E., (1970) Los filósofos presocráticos. Gredos, España. 638 pp.
  • Lévi-Strauss, C., (1995) Antropología estructural. Paidos. Barcelona. 428 pp.
  • Sagrada Biblia. (1967). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. Versión de Eloíno Nácar y Alberto Colunga.




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