La condición humana. La escritura de Beckett demuestra el dolor y el sufrimiento de la humanidad. Entendía la desolación de la vida y por eso la enfatizaba con su punto de vista, la desolación es la verdad, es así. Beckett se volvió al teatro porque la prosa que estaba escribiendo en aquel momento se había secado, y se volvió al teatro buscando una escapatoria del proceso.
Pero ya era un hombre bien entrado en la cincuentena cuando se empezaron a representar sus obras. Luchó toda su vida. Junto con Hemingway, fue uno de los primeros en unirse al movimiento lealista en España y se identificó con causas desde muy joven. Formó parte de la Resistencia francesa. Era un estoico, no un cínico. Prestaba gran atención al momento.
El suyo era un planteamiento humanista, aunque destilado.
Vivimos al borde del vacío. Un amigo mío tiene una serie de fotos de la cara de Picasso cuando le dijeron que habían lanzado la bomba en Hiroshima y cuánta gente había muerto. En tan sólo tres fotogramas, se ve con claridad el horror de esa generación cuando se dieron cuenta de que ese tipo de destrucción era posible. Así, el vacío se hizo más accesible para todo el mundo. Particularmente para los más sensibles y expresivos.
Si a Beckett se le malinterpreta tan fácilmente, ¿por qué no explicó con más claridad lo que trataba de hacer?
Se había comprometido con una zona de actividad muy poco explorada: trabajaba en un área en que los demás no lo hacían.
Las prisiones ejercían una tremenda fascinación sobre él, igual que las instituciones mentales, toda la llamada “escoria” de la sociedad. Esos era sus modelos, personas en desintegración (...) En el taller siempre hemos intentado desnudar las cosas, separar lo superficial de la forma para revelar un aspecto más dinámico. A Beckett le encantaban la pintura y la música.
Tenía un gran sentido del humor, pero la condición del mundo le provocaba una gran angustia y yo me identificaba con eso.
A través de esa identificación recogía parte de su dolor. Se preocupaba mucho por todo lo que ocurría a su alrededor. Al ser europeo, su mirada era diferente. Sufrió más a causa de sus propios conocimientos de lo que sufrió por su sensibilidad, aunque ése también fue un factor; pero, si le mirabas a la cara, podías ver que ese hombre había vivido un infierno. Para mí, es un poco como un santo. Un santo secular, Samuel Beckett.
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